Estos dos puentes fueron construidos tan próximos en el tiempo como geográficamente.

Su construcción ha seguido las pautas de invasión del cauce, mediante la realización de pistas de trabajo para acceder a la construcción de las cimentaciones de los pilares, durante su construcción padecieron tres avenidas extraordinarias.

A la pérdida de capacidad de la caja del río se sumó la retención ocasionada por la existencia de las pistas de trabajo que resaltó la importancia de las avenidas.

Las tierras vertidas al cauce fueron laminadas por dos avenidas consecutivas, teniendo que construirse una tercera pista, que tampoco fue retirada; sus materiales fueron laminados ocasionando de este modo una importante elevación del fondo del río.

Los pilares provisionales construidos en el centro del río para tender los tableros metálicos fueron dinamitados y dejados caer en el lecho del río.

Hoy la barrera de materiales acumulados antes de la desembocadura del Gállego son, en sí mismos, un peligro añadido a toda una sucesión de tratamientos inadecuados, que en distintos tramos del río provocan en sus aguas, un descenso turbulento, originado por las distintas variaciones artificiales, ocasionadas por el hombre en las distintas intervenciones que sobre su cauce ha acometido.

CONCLUSIONES.

Alcanzado este punto, no se puede dejar de afirmar que la restitución del fondo del cauce a su estado original, es una obligación para las autoridades de Zaragoza.

Dicha restitución de fondos es urgente, si quieren garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

La vigilancia de las nuevas construcciones tiene que realizar una especial atención a la defensa de las condiciones naturales del río.

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